sábado, 30 de junio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
Viaje con equipaje ligero por exigencias del guión
El viaje fue largo, 48h tardamos mis compañeros de viaje, que días más tarde se convirtieron en grandes amigos, y yo en llegar
desde San Sebastián a Wukro. Cargada con una maleta pesada y toda
una redacción multimedia a la espalda. A medida que cambiaba de
avión lo hacía el color de la piel de los pasajeros y las fragancias corporales. El aeropuerto
de Estambul donde hicimos escala me pareció una encrucijada de
razas y un triple puente entre Europa, Asia y África. A mi maleta le
debió de gustar el ambiente y decidió quedarse unos días. Fui
consciente de ello cuando no apareció por la cinta transportadora
de la terminal de Addis. Antes de llegar al mostrador para reclamar
la maleta observé como en una esquina de la sala de recogida de
equipaje se agolpaban cientos de maletas extraviadas. Temí que la
mía corriera la misma suerte.
Las conversaciones con el funcionario
de guardia de la oficina de Ethiopia Airlines fueron arduas y recibí mensajes contradictorios. Eran las 2 de la mañana y los dos estábamos cansados. El señor me explicaba tres modos diferentes de recuperar mi maleta hasta que tras insistir e insistir el señor concluyó que
sólo yo podía recoger personalmente la maleta en el aeropuerto de
Addis. A primera hora de ese día cogía un vuelo a Mekele, a 800km
de Addis. Resignada, me afané en recopilar el mayor número de datos sobre el
supuesto paradero de mi maleta y sobre todo mentalizarme de que
si la recuperaba sería gracias a un milagro. Y se obró el milagro 4
días después, gracias a la ayuda inestimable de Fekadu dueño del
tour operador etíope con el que había contratado el viaje.
Sin maleta pero con mucha ilusión y cansancio, me
embarque en el último vuelo rumbo a Mekele. Sorpresa al entrar. La
mayoría de las compañías aéreas prescinden de numerar las filas de asientos con el
número 13 pero la compañía Ethiopia airlines tiene fila 13 en sus aviones.
| Turkish Airlines. A.M |
| Ethiopia Airlines. A.M |
Nunca he entendido el
rechazo de la sociedad a este número impar. Será que le guardo un especial cariño
desde que fue el número de mi habitación en la residencia
universitaria de Pamplona.
Una hora después de despegar el avión
de hélices aterrizó en el aeropuerto de Mekele, allí Ángel Olaran
nos esperaba echando una pequeña cabezadita en una butaca. Las
maletas en la parte trasera de la pick-up, la mía se perdió esa experiencia, e iniciamos la última etapa del viaje hacía Wukro. Una hora de trayecto por una carretera que desde hace tres años es asfaltada. Aunque la conversación con Ángel era muy interesante, mis ojos
finalmente se cerraron con el traqueteo de la pick-up debido a los
numerosos baches de la carretera. La hicieron los chinos.
martes, 26 de junio de 2012
Etiopía, viaje en el tiempo
Me dijeron que África engancha y que repites. Me recomendaron que fuera sin estereotipos y que me
dejara sorprender. Me animaron a escribir todos los días diciendo
una frase fulminante para un periodista: Sobre África el primer día escribirías una enciclopedia, un mes una
novela, un año una crónica y toda una vida una frase. Desde el
primer día escribí y grabe, ser multimedia se ha convertido en una moda permanente.
Etiopía es viajar en el tiempo y
retroceder dos o tres siglos en la historia de occidente. Es recibir
la hospitalidad y cariño incondicional de sus gentes. Es entrar en
sus casas con tejados de uralita y degustar un maravilloso café,
acompañado de intenso olor a incienso y palomitas. Descubrir que lo poco
que tienen lo comparten con los Farengis, modo cariñoso de llamar a
los extranjeros. Es aprender a saludar como
ellos; chocando intensamente el hombro izquierdo con el derecho de la
otra persona y viceversa y dar tres en vez de dos besos en la
mejilla.
Tres semanas es lo que ha durado mi
periplo por el Norte de Etiopía. Dos semanas en Wukro en la misión
de Saint Mary con el pabre blanco Ángel Olaran, conocido por la gran
labor que desempeña cuidando a más 700 niños huérfanos, víctimas
inocentes de la guerra y del VIH. Pero también he recorriendo
lugares con muchísima historia y arte en ciudades como Axum,
Lalibela, Gondar, Bahar Dar y Addis Abeba.
Durante las próximas semanas iré
publicando en este blog contenido de mi viaje. La falta de una buena conexión a Internet es lo que me ha impedido publicar material antes. El lema de la Revista Pangea, el proyecto de fin de carrera que realicé hace un año con mis amigos, decía: Hemos descubierto la tierra, descubramos las personas
que lo habitan. Al menos, lo he intentado.
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