Me dijeron que África engancha y que repites. Me recomendaron que fuera sin estereotipos y que me
dejara sorprender. Me animaron a escribir todos los días diciendo
una frase fulminante para un periodista: Sobre África el primer día escribirías una enciclopedia, un mes una
novela, un año una crónica y toda una vida una frase. Desde el
primer día escribí y grabe, ser multimedia se ha convertido en una moda permanente.
Etiopía es viajar en el tiempo y
retroceder dos o tres siglos en la historia de occidente. Es recibir
la hospitalidad y cariño incondicional de sus gentes. Es entrar en
sus casas con tejados de uralita y degustar un maravilloso café,
acompañado de intenso olor a incienso y palomitas. Descubrir que lo poco
que tienen lo comparten con los Farengis, modo cariñoso de llamar a
los extranjeros. Es aprender a saludar como
ellos; chocando intensamente el hombro izquierdo con el derecho de la
otra persona y viceversa y dar tres en vez de dos besos en la
mejilla.
Tres semanas es lo que ha durado mi
periplo por el Norte de Etiopía. Dos semanas en Wukro en la misión
de Saint Mary con el pabre blanco Ángel Olaran, conocido por la gran
labor que desempeña cuidando a más 700 niños huérfanos, víctimas
inocentes de la guerra y del VIH. Pero también he recorriendo
lugares con muchísima historia y arte en ciudades como Axum,
Lalibela, Gondar, Bahar Dar y Addis Abeba.
Durante las próximas semanas iré
publicando en este blog contenido de mi viaje. La falta de una buena conexión a Internet es lo que me ha impedido publicar material antes. El lema de la Revista Pangea, el proyecto de fin de carrera que realicé hace un año con mis amigos, decía: Hemos descubierto la tierra, descubramos las personas
que lo habitan. Al menos, lo he intentado.
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