viernes, 5 de octubre de 2012


“No es lo mismo vivir la necesidad de cerca o que te la cuenten”

Lierni Fernández Román, arquitecta técnica, solidaria y aventurera en Etiopía

“ Cada día recibo sonrisas y abrazos como muestra de agradecimiento por mi trabajo”

“Yo no creo en Dios pero si en gente como Ángel Olaran”


Decidió viajar a Etiopía el verano pasado junto con el padre hernaniarra Ángel Olaran, dejando a un lado la posibilidad de aplicar sus estudios de arquitectura en una actividad profesional vinculada a la construcción. Tenía intención de permanecer en Wukro tres semanas y lleva un año entero residiendo en esta aldea etíope. Recientemente ha participado en la construcción de una presa y ahora supervisa a diario las obras de una clínica dental y de un pequeño hotel rural. La experiencia que vive Lierni demuestra que África engancha y deja huella.

  • ¿En Etiopía para siempre?

Al tercer día de llegar ya tenía claro que ése era mi lugar. No dije nada en mi casa hasta que no tuve los billetes de vuelta cambiados, tres días antes de mi vuelo de regreso a San Sebastián.


  • ¿Fue difícil la decisión?
Lo peor fue superar el miedo a enfrentarme al viaje y eso ya lo había conseguido. Una vez en Wukro, y habiendo conocido todo aquello, fue muy fácil que decidiera quedarme. Desde niña había querido vivir una experiencia así y hasta el momento es la mejor opción que he tomado en mi vida. No obstante, cada tres meses debo regresar necesariamente a España para renovar el visado.

  • ¿Qué tiene la misión de Wukro para convencer a una persona de que su futuro está allí?
Por un lado, la figura del padre Ángel Olaran y su tarea constante de atención a los niños huérfanos que viven en esa comunidad. Además, la posibilidad de colaborar en varios proyectos cuya ejecución puede ayudar a mejorar mucho la calidad de vida de los habitantes de Wukro. Esto es algo que me permite sentir que el trabajo que hago es útil. También influye el hecho de que pocos meses después de llegar a Etiopía conocí a mi actual pareja Albert. Él es catalán y trabaja como supervisor en un proyecto que Manos Unidas tiene en Adigrat, una ciudad cercana a Wukro.

  • ¿Vivir esta experiencia en pareja, ayuda o es un ingrediente imprescindible?

Es el complemento perfecto para una aventura así, aunque amor, cariño y respeto es lo que a diario me ofrecen los habitantes de Wukro. Todos los días recibo una valiosa recompensa de sonrisas y abrazos como muestra de agradecimiento por mi trabajo.

  • ¿Qué impulsa a cambiar un proyecto de vida estable por una aventura en Etiopía?
El trabajo en una constructora es poco gratificante. Ahora tengo 29 años y recién licenciada me pilló el ‘boom’ inmobiliario. Los primeros años tuve muchísimo trabajo pero no me llenaba lo que hacía. Me partía la cara para conseguir un beneficio económico y hacer rico a quien ya lo era. En todos los trabajos existen días mejores y peores, pero ahora el resultado me resulta siempre satisfactorio y el fin te reconforta.

  • ¿Jefa de obra en Wukro o en Euskadi?

Es muy diferente, porque las técnicas de construcción y el ritmo de trabajo son distintos, pero en cierto modo te tienes que adaptar a su cultura y no ellos a la tuya. A veces cuesta mucho hacerles entender que con otras técnicas de construcción y otros materiales se pueden obtener mejores resultados. Sin embargo, desde el primer día los obreros me aceptaron muy bien y acataban casi siempre mis instrucciones, a pesar de ser una mujer quien les dirigía. Etiopía en un país con una terrible cultura machista y éste es un factor que condiciona mucho.

  • ¿Siempre hay algo por hacer?
Hace un mes inauguramos la presa que está permitiendo abastecer de agua al pueblo y a los campos de regadío. El agua es oro líquido en Etiopía. Hay mucha escasez por falta de lluvias durante largos periodos. Por otro lado, avanza la obra de la clínica dental financiada por la fundación Etiopía- Utopía. Este proyecto llamado ‘Sonrisas’ permitirá mejorar la salud bucodental de todos los habitantes de la zona, previniendo infecciones que en algunos casos pueden llegar a ser mortales. Otro proyecto que tenemos en marcha es la construcción de un hotel rural. El turismo en Etiopía está muy poco desarrollado y la zona del Tigray tiene enorme atractivo porque cuenta con muchas iglesias excavadas en roca que merece la pena visitar. Los ‘touroperadores’ nos transmiten que los turistas pasan de largo por este lugar debido a la ausencia de una mínima infraestructura hotelera en la zona. Estamos construyendo un sencillo hotel rural para acoger a turistas porque estamos convencidos de que vendrán y su estancia mejorará la economía de Wukro. Estará gestionado por los propios habitantes de la ciudad y los beneficios se reinvertirán en la comunidad. El último proyecto en el que me he involucrado se llama ‘Kañaberak’. Consiste en plantar cañas de bambú en las orillas de los pequeños ríos con el fin de detener la fuerza con la que baja el agua desde las montañas en la época de lluvias para evitar de esta manera la erosión del terreno. Todos los proyectos están supervisados por el padre Ángel Olaran, porque después de veinte años trabajando en Wukro él conoce mejor que nadie las necesidades de la comunidad.
  • ¿Cómo es Ángel Olaran?
Es muy buena persona, sencillo, tolerante, agradable, servicial y positivo. Todos los días aprendes algo de él. Tiene un gran sentido del humor y te ríes mucho. Admiro el modo que tiene de aplicar la religión sobre el terreno. No creo en Dios pero sí en personas como Ángel Olaran. No soy católica, soy ‘Angelista’. Me siento una privilegiada por haber tenido la oportunidad de conocerle y convivir con él.
¿Una experiencia sí cambia la visión sobre la vida?
Absolutamente, porque no es lo mismo que te cuenten las necesidades o vivirlas de cerca. Y eso crea un poso en cualquier persona difícil de olvidar. Transforma radicalmente tu perspectiva de vida y tu escala de valores.
  • ¿Hay vida después de Wukro?
Sí, aunque no tengo fecha de vuelta definida. Mi objetivo prioritario ahora es no desvincularme de los proyectos en los que estoy participando. Llevaba años buscando esto y, ahora que lo he encontrado, no voy a dejarlo a un lado.  

martes, 24 de julio de 2012

Abba Melaku

Ángel Olarán esta noche continuará trabajando a destajo  en su despacho para sacar adelante a los más de 700 huérfanos que tiene a su cargo. Con su energía infatigable sigue siendo un ejemplo diario para todos aquellos que le conocemos y que hemos tenido el gusto y el placer de convivir con él y de todos aquellos que leen nuestras historias. No le gusta ser protagonista, pero si lo tiene que ser para sacar adelante a sus huérfanos, lo hace. Es una de las personas más coherentes que he conocido a lo largo de mi vida; dice y hace lo mismo que piensa. Una vida entera dedicada a los demás, viviendo 20 años en Tanzania y más de 20 en Etiopía.

La visita nocturna diaria a las familias es un ejemplo de la dedicación absoluta hacia los demás, escuchando sus problemas, asumiéndolos como propios y trabajando para lograr solucionarlos. La alegría que Abba Melaku, ángel de Dios como es conocido en Wukro, ha traído a este pequeño pueblo de la provincia del Tigray es incalculable. Una lección de vida la que Ángel nos da a todos, recordándonos, entre otras muchas cosas,  que Iglesia es esto y no lo otro.


Una pequeña muestra  de la alegría que se respira en las casas  que  Ángel  visita cada noche.


lunes, 9 de julio de 2012

El agua es vida


Cuando nos falta el agua, la   electricidad y ahora ya Internet parece que no sabemos vivir. Todo se para.
En Etiopía, al igual que en muchos otros países en vías de desarrollo, no tienen garantizado ni el suministro de agua ni el de luz. El agua lo es todo, no sólo para beber y cultivar, también para mantener unas condiciones mínimas de higiene. La propagación de muchas enfermedades infecciosas viene de la ausencia de lo más básico; el agua. Tampoco la sociedad está educada en la necesidad de una higiene mínima. En Wukro, al igual que en otros pequeños pueblos del país, era habitual ver a mujeres desplazarse a los pozos más cercanos cargadas con bidones amarillos de 20 litros. Siempre mujeres. Y cuando hay un río toda la vida se hace en torno a él. Pero la ausencia de agua en la zona del Tigray afecta a los agricultores ya que son pocos los productos que pueden cultivar, simplemente para subsistir. Unido, la ganadería tiene poco donde pastar así que las vacas son famélicas. Un círculo sin fin.
Uno de los proyectos que en la actualidad se está realizando  en Wukro es la construcción de una presa con fondos de diferentes ongs. El objetivo es abastecer el pueblo de agua y convertir campos arenosos próximos a la presa en zonas fértiles y en auténticos vergeles.

Ducharse o lavar la ropa se convierte a diario en una tarea mucho más ardua que pulsar un botón o abrir el grifo. Cada dos días había que traer el agua en bidones a la Misión de Saint Mary y llenar el depósito. Luego cada uno tenía su ración de agua a modo en cubos de 18 litros de agua. La tabla de salvación fueron las toallitas Dodot. Beber agua mineral se convirtió en imprescindible si no querías pasarte una larga tarde en el trono de Roca. Un día me ocurrió que tanto probar si salía o no el agua del grifo, me lo deje abierto y a las dos de la madrugada comencé a oír el sonido del agua. En otra ocasión me hubiera fastidiado levantarme de la cama y cerrar el grifo. En esa ocasión dí un brinco de la cama porque no me lo creía y comencé a rellenar botellas de plástico vacías que había almacenado. Incluso  zombi comencé a grabar un vídeo como si de un acontecimiento extraordinario se tratase. La perspectiva y las prioridades siempre cambian en función de donde vivas y de donde estés. Algunas de las casas tenían un grifo con agua, vaya usted a saber de donde salía ese agua, y se convertía en su modo de vida. En una de las familias que visitábamos todas las noches( esa familia tiene un post a parte )su modo de vida era vender el agua que salía de su grifo.


Etiopía es viajar en el tiempo y volver a casa pensando que la lavadora es el mejor invento del mundo por encima de cualquier otro lo demuestra.


Mujeres subiendo a la Pick-Up. Se ahorraron caminar 4 km. A.M

¿Y cómo se arreglan en la peluquería sin agua corriente? A.M 
En el mercado se vendían los bidones. A.M

Niños transportando agua en las colinas de Wukro. A.M

Tenía 16 años y estudiaba en la ciudad.
En verano regresaba a casa para ayudar
a su familia. El bidón estaba lleno y
caminaba como una modelo. A.M


La vida siempre en torno al río. A.M 






domingo, 1 de julio de 2012

El fútbol, la religión global


El fútbol es lo único que consigue unir a todo el planeta. Aunque muchas veces me lo habían repetido en casa y lo había visto en anuncios de televisión de Coca- Cola o Adidas, hasta que no pisé Etiopía no fui plenamente consciente de ello.
Cuando caminaba por los lugares más recónditos del país y mi respuesta a la pregunta obligada de dónde venía era España; sólo me decían “good futbol, Torres, Alonso..... ¿Real Madrid o Barça?”. Mi respuesta era bien sencilla Real Sociedad; el primer equipo de Xabi Alonso. Alucinaban. Y yo más porque supieran tanto de fútbol cuando apenas sabrían leer y escribir.  La globalización: un fenómeno imparable. El fútbol es un deporte sencillo con un balón y en ausencia de este, con trapos unidos haciendo forma circular, sirve para divertirse, hacer amigos y jugar en equipo. Un deporte barato, sin idiomas y sin fronteras.


La Eurocopa en Wukro y en todo el país, se seguía con la misma devoción que las misas ortodoxas de los domingos. El cine del pueblo se habilitaba para la ocasión con una pantalla gigante y con bancos corridos. Todos, o casi todos, eran fieles a la roja.

Póster de Llorente en el interior de una casa de Wukro. A.M 


Visitando los hogares de Wukro, te encontrabas con un póster del Barça o de la selección española. Las casas eran de piedra, los tejados y puertas de chapa, medían 12 metros cuadrados, y en ellas vivían una familia entera con dos colchones, un pequeño hornillo de carbón y una garrafa amarilla de 20 litros de agua. Y sus héroes son ellos, unos jugadores que hoy si ganan la Eurocopa cada uno  recibirá  300.000 euros de prima. Las familias de Wukro ganan de media  30 € al mes  que les tiene que  servir para alimentar y educar a toda la familia. Y allí en Etiopía también existe el copago sanitario. En esta ocasión la ignorancia de otra injusticia les beneficiará para vibrar y disfrutar con  fútbol, que al igual que la religión, siempre ha sido el opio del pueblo.  


Poster del Barça. A.M
En Wukro son de la Real Sociedad. A.M
Niño jugando al fútbol en la calle. A.M



sábado, 30 de junio de 2012

Wukro


Vídeo




Fotografías 


Carromato transportando andamios de bambú. A.M

Cada uno circula... por donde puede. A.M

Bicicletas circulando por la carretera principal de Wukro.A.M

Conversación de sabios en la calle. A.M

Carromato transportando un tanque de agua. A.M 







jueves, 28 de junio de 2012

Viaje con equipaje ligero por exigencias del guión


El viaje fue largo, 48h tardamos mis compañeros de viaje, que días más tarde se convirtieron en grandes amigos, y yo en llegar desde San Sebastián a Wukro.  Cargada con una maleta pesada y toda una redacción multimedia a la espalda. A medida que cambiaba de avión lo hacía el color de la piel de los pasajeros y las fragancias corporales. El aeropuerto de Estambul donde hicimos escala me pareció una encrucijada de razas y un triple puente entre Europa, Asia y África. A mi maleta le debió de gustar el ambiente  y decidió quedarse unos días. Fui consciente de ello cuando no apareció por la cinta transportadora de la terminal de Addis. Antes de llegar al mostrador para reclamar la maleta observé como en una esquina de la sala de recogida de equipaje  se agolpaban cientos de maletas extraviadas. Temí que la mía corriera la misma suerte.

Las conversaciones con el funcionario de guardia de la oficina de Ethiopia Airlines fueron arduas y recibí  mensajes contradictorios. Eran las 2 de la mañana y los dos estábamos cansados. El señor me explicaba  tres modos diferentes de recuperar mi maleta hasta que  tras insistir e insistir el señor concluyó   que sólo yo podía recoger personalmente la maleta en el aeropuerto de Addis. A primera hora de ese día cogía un vuelo a Mekele, a 800km de Addis.  Resignada,  me afané en recopilar el mayor número de datos sobre el supuesto paradero de mi maleta y sobre todo mentalizarme de que si la recuperaba sería gracias a un milagro. Y se obró el milagro 4 días después,  gracias a la ayuda inestimable de Fekadu dueño del tour operador etíope con el que había contratado el viaje.

Sin maleta pero con mucha ilusión y cansancio, me embarque en el último vuelo rumbo a Mekele. Sorpresa al entrar. La mayoría de las compañías aéreas prescinden de numerar las filas de asientos   con el número 13  pero la compañía Ethiopia airlines tiene fila 13 en sus aviones.


Turkish Airlines. A.M
                                         



Ethiopia Airlines. A.M 
                                          

Nunca he entendido el rechazo de la sociedad  a este número impar. Será que le guardo un especial cariño desde que fue el número de mi habitación en la residencia universitaria de Pamplona.

Una hora después de despegar el avión de hélices aterrizó en el aeropuerto de Mekele, allí Ángel Olaran nos esperaba echando una pequeña cabezadita en una butaca. Las maletas en la parte trasera de la pick-up, la mía se perdió esa experiencia, e iniciamos la última etapa del  viaje hacía  Wukro. Una hora de trayecto  por una carretera que desde hace tres años es asfaltada. Aunque la conversación con Ángel era muy interesante, mis ojos finalmente se cerraron con el traqueteo de la pick-up debido a los numerosos baches de la carretera. La hicieron los chinos.







martes, 26 de junio de 2012

Etiopía, viaje en el tiempo


Me dijeron que África engancha y que repites. Me recomendaron que fuera sin estereotipos y que me dejara sorprender. Me animaron a escribir todos los días diciendo una frase fulminante para un periodista: Sobre África  el primer día   escribirías una enciclopedia,  un mes una novela, un año una crónica y toda una vida una frase. Desde el primer día escribí y grabe, ser multimedia se ha convertido en una moda permanente. 

Etiopía es viajar en el tiempo y retroceder dos o tres siglos en la historia de occidente. Es recibir la hospitalidad y cariño incondicional de sus gentes. Es entrar en sus casas con tejados de uralita y degustar un maravilloso café, acompañado de intenso olor a incienso y palomitas. Descubrir que lo poco que tienen lo comparten con los Farengis, modo cariñoso de llamar a los extranjeros. Es aprender a saludar como ellos; chocando intensamente el hombro izquierdo con el derecho de la otra persona y viceversa y dar tres en vez de dos besos en la mejilla.

Tres semanas es lo que ha durado mi periplo por el Norte de Etiopía. Dos semanas en Wukro en la misión de Saint Mary con el pabre blanco Ángel Olaran, conocido por la gran labor que desempeña cuidando a más 700 niños huérfanos, víctimas inocentes de la guerra y del VIH. Pero también he recorriendo lugares con muchísima historia y arte en  ciudades como Axum, Lalibela, Gondar, Bahar Dar y Addis Abeba.

Durante las próximas semanas iré publicando en este blog contenido de mi viaje. La falta de una buena conexión a Internet es lo que me ha impedido publicar material antes. El  lema de la Revista Pangea, el proyecto de fin de carrera que realicé hace un año con mis amigos,  decía: Hemos descubierto la tierra, descubramos las personas que lo habitan. Al menos, lo he intentado.


Karibu( bienvenidos en suajili) a este blog


Recorrido interactivo del viaje



Avión Ethiopian Airline 
Avión de Ethiopian Airlines. A.M