El viaje fue largo, 48h tardamos mis compañeros de viaje, que días más tarde se convirtieron en grandes amigos, y yo en llegar
desde San Sebastián a Wukro. Cargada con una maleta pesada y toda
una redacción multimedia a la espalda. A medida que cambiaba de
avión lo hacía el color de la piel de los pasajeros y las fragancias corporales. El aeropuerto
de Estambul donde hicimos escala me pareció una encrucijada de
razas y un triple puente entre Europa, Asia y África. A mi maleta le
debió de gustar el ambiente y decidió quedarse unos días. Fui
consciente de ello cuando no apareció por la cinta transportadora
de la terminal de Addis. Antes de llegar al mostrador para reclamar
la maleta observé como en una esquina de la sala de recogida de
equipaje se agolpaban cientos de maletas extraviadas. Temí que la
mía corriera la misma suerte.
Las conversaciones con el funcionario
de guardia de la oficina de Ethiopia Airlines fueron arduas y recibí mensajes contradictorios. Eran las 2 de la mañana y los dos estábamos cansados. El señor me explicaba tres modos diferentes de recuperar mi maleta hasta que tras insistir e insistir el señor concluyó que
sólo yo podía recoger personalmente la maleta en el aeropuerto de
Addis. A primera hora de ese día cogía un vuelo a Mekele, a 800km
de Addis. Resignada, me afané en recopilar el mayor número de datos sobre el
supuesto paradero de mi maleta y sobre todo mentalizarme de que
si la recuperaba sería gracias a un milagro. Y se obró el milagro 4
días después, gracias a la ayuda inestimable de Fekadu dueño del
tour operador etíope con el que había contratado el viaje.
Sin maleta pero con mucha ilusión y cansancio, me
embarque en el último vuelo rumbo a Mekele. Sorpresa al entrar. La
mayoría de las compañías aéreas prescinden de numerar las filas de asientos con el
número 13 pero la compañía Ethiopia airlines tiene fila 13 en sus aviones.
| Turkish Airlines. A.M |
| Ethiopia Airlines. A.M |
Nunca he entendido el
rechazo de la sociedad a este número impar. Será que le guardo un especial cariño
desde que fue el número de mi habitación en la residencia
universitaria de Pamplona.
Una hora después de despegar el avión
de hélices aterrizó en el aeropuerto de Mekele, allí Ángel Olaran
nos esperaba echando una pequeña cabezadita en una butaca. Las
maletas en la parte trasera de la pick-up, la mía se perdió esa experiencia, e iniciamos la última etapa del viaje hacía Wukro. Una hora de trayecto por una carretera que desde hace tres años es asfaltada. Aunque la conversación con Ángel era muy interesante, mis ojos
finalmente se cerraron con el traqueteo de la pick-up debido a los
numerosos baches de la carretera. La hicieron los chinos.
:) Qué genial que hayas vuelto! Queremos más de esa experiencia :)
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