jueves, 28 de junio de 2012

Viaje con equipaje ligero por exigencias del guión


El viaje fue largo, 48h tardamos mis compañeros de viaje, que días más tarde se convirtieron en grandes amigos, y yo en llegar desde San Sebastián a Wukro.  Cargada con una maleta pesada y toda una redacción multimedia a la espalda. A medida que cambiaba de avión lo hacía el color de la piel de los pasajeros y las fragancias corporales. El aeropuerto de Estambul donde hicimos escala me pareció una encrucijada de razas y un triple puente entre Europa, Asia y África. A mi maleta le debió de gustar el ambiente  y decidió quedarse unos días. Fui consciente de ello cuando no apareció por la cinta transportadora de la terminal de Addis. Antes de llegar al mostrador para reclamar la maleta observé como en una esquina de la sala de recogida de equipaje  se agolpaban cientos de maletas extraviadas. Temí que la mía corriera la misma suerte.

Las conversaciones con el funcionario de guardia de la oficina de Ethiopia Airlines fueron arduas y recibí  mensajes contradictorios. Eran las 2 de la mañana y los dos estábamos cansados. El señor me explicaba  tres modos diferentes de recuperar mi maleta hasta que  tras insistir e insistir el señor concluyó   que sólo yo podía recoger personalmente la maleta en el aeropuerto de Addis. A primera hora de ese día cogía un vuelo a Mekele, a 800km de Addis.  Resignada,  me afané en recopilar el mayor número de datos sobre el supuesto paradero de mi maleta y sobre todo mentalizarme de que si la recuperaba sería gracias a un milagro. Y se obró el milagro 4 días después,  gracias a la ayuda inestimable de Fekadu dueño del tour operador etíope con el que había contratado el viaje.

Sin maleta pero con mucha ilusión y cansancio, me embarque en el último vuelo rumbo a Mekele. Sorpresa al entrar. La mayoría de las compañías aéreas prescinden de numerar las filas de asientos   con el número 13  pero la compañía Ethiopia airlines tiene fila 13 en sus aviones.


Turkish Airlines. A.M
                                         



Ethiopia Airlines. A.M 
                                          

Nunca he entendido el rechazo de la sociedad  a este número impar. Será que le guardo un especial cariño desde que fue el número de mi habitación en la residencia universitaria de Pamplona.

Una hora después de despegar el avión de hélices aterrizó en el aeropuerto de Mekele, allí Ángel Olaran nos esperaba echando una pequeña cabezadita en una butaca. Las maletas en la parte trasera de la pick-up, la mía se perdió esa experiencia, e iniciamos la última etapa del  viaje hacía  Wukro. Una hora de trayecto  por una carretera que desde hace tres años es asfaltada. Aunque la conversación con Ángel era muy interesante, mis ojos finalmente se cerraron con el traqueteo de la pick-up debido a los numerosos baches de la carretera. La hicieron los chinos.







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